31 de Octubre 2004

Ángeles y Demonios

Ese es el libro que me estoy leyendo ahora (y estoy terminando). Su autor, como muchos sabeis, es Dan brown.

Me está pareciendo bastante interesante, tanto o mas como el primero titulado: "El código Da vinci".

Muchos me han preguntado si es una continuación del primero, así que aquí también lo voy a aclarar. No, no es una continuación, es una nueva aventura del mismo protagonista. Eso significa, que te puedes leer cualquiera de los dos.

Yo personalmente,os lo recomiendo.

He estado mirando por internet, información del ligro, y hace unos meses pusieron un adelanto del principio del libro por si alguien está interesado en querer leerlo. Aquí os pongo su comienzo...

(Por cierto, Javi..te quiero :P)

Aquí os pongo ese adelanto que plasmaron en internet sobre el libro...

Desde los escalones superiores de una galería ascendente de la Gran Pirámide de Gizeh, una joven rió y le llamó.
–¡Date prisa, Robert! ¡Sabía que hubiera tenido que haberme casado con un hombre más joven!
Su sonrisa era mágica.
El hombre se esforzó por acelerar el paso, pero sentía las piernas como si fueran de piedra.
–Espera –suplicó–. Por favor...
A medida que subía, su visión se iba haciendo más borrosa. Sus oídos martilleaban. ¡He de alcanzarla! Pero cuando volvió a levantar la vista, la mujer había desaparecido. En su lugar había una anciana desdentada. El hombre bajó la mirada, y en sus labios se dibujó una mueca de soledad. Después lanzó un grito de angustia que resonó en el desierto.
Robert Langdon despertó de su pesadilla sobresaltado. El teléfono de la mesita de noche estaba sonando. Aturdido, lo descolgó.
–¿Diga?
–Estoy buscando a Robert Langdon –dijo una voz masculina.
Langdon se incorporó en la cama y trató de pensar con claridad.
–Soy... Robert Langdon.
Consultó el reloj digital. Eran las cinco y dieciocho minutos de la mañana.
–Debo verle cuanto antes.
–¿Quién es usted?
–Me llamo Maximilian Kohler. Soy físico de partículas discontinuas.
–¿Cómo? –Langdon era incapaz de concentrarse–. ¿Está seguro de que soy el Langdon que busca?
Es usted profesor de iconología religiosa en la Universidad de Harvard. Ha escrito tres libros sobre simbología y...
–¿Sabe qué hora es?
–Le ruego me disculpe. Tengo algo que ha de ver. No puedo hablar de ello por teléfono.
Un gemido escapó de los labios de Langdon. No era la primera vez que le ocurría. Uno de los peligros de escribir libros sobre simbología religiosa eran las llamadas de fanáticos religiosos, deseosos de que les confirmara la última señal de Dios. El mes pasado, una bailarina de striptease de Oklahoma había prometido a Langdon el mejor sexo de su vida si iba a verificar la autenticidad de una cruz que había aparecido como por arte de magia en las sábanas de su cama. El sudario de Tulsa, lo había llamado Langdon.
–¿Cómo ha conseguido mi número?
Langdon intentaba ser educado, pese a la hora.
–En Internet. La página web de su libro.
Langdon frunció el ceño. Sabía perfectamente que la página web no incluía el número telefónico de su casa. Era evidente que el hombre estaba mintiendo.
–He de verle –insistió el desconocido–. Le pagaré bien.
Langdon se estaba enfadando.
–Lo siento, pero le aseguro...
–Si parte ahora mismo, podría estar aquí a las...
–¡No voy a ir a ninguna parte! ¡Son las cinco de la mañana!

Langdon colgó y se derrumbó sobre la cama. Cerró los ojos e intentó dormir de nuevo. Fue inútil. El sueño estaba grabado a fuego en su mente. Se puso la bata desganadamente y descendió las escaleras.
Robert Langdon paseó descalzo por su casa victoriana de Massachusetts y tomó su remedio habitual contra el insomnio, un chocolate caliente. La luna de abril se filtraba por las ventanas y mañana las alfombras orientales. Los colegas de Langdon a menudo comentaban en broma que la casa parecía más un museo de antropología que un hogar. Las estanterías estaban atestadas de objetos religiosos de todo el mundo: un ekuaba de Ghana, un crucifijo de oro de España, un ídolo de las islas del Egeo, incluso un peculiar boccus tejido de Borneo, el símbolo de la eterna juventud de un joven guerrero.
Cuando Langdon se sentó sobre la tapa de un baúl maharishi de latón y saboreó el chocolate caliente, se vio reflejado en el cristal de una de las ventanas. La imagen estaba distorsionada y pálida... como un fantasma. Un fantasma envejecido, pensó, y se recordó con crueldad que su espíritu juvenil estaba viviendo en un cuerpo mortal.
Aunque no era apuesto en un sentido clásico, a sus cuarenta y cinco años Langdon poseía lo que sus colegas femeninas denominaban un atractivo “erudito”: espeso cabello castaño vetea-do de gris, ojos azules penetrantes, voz profunda y cautivadora, y la sonrisa alegre y espontánea de un deportista universitario. Buceador del equipo universitario, Langdon todavía conservaba el cuerpo de un nadador, un físico envidiable de metro ochenta que mantenía en forma con cincuenta largos al día en la piscina de la universidad.
Los amigos de Langdon siempre le habían considerado un enigma, un hombre atrapado entre siglos. Los fines de semana podía vérsele en el patio de la facultad vestido con tejanos, hablando de gráficos por ordenador o de historia de las religiones con los estudiantes; en otras ocasiones, aparecía con su chaleco de cuadros Harris en tonos vistosos, fotografiado en las páginas de revistas de arte en inauguraciones de museos, donde le habían pedido que dictara una conferencia.
Pese a ser un profesor riguroso y un amante de la disciplina, Langdon era el primero en abrazar lo que él denominaba el “arte perdido de pasarlo bien”. Se entregaba a la diversión con un fanatismo contagioso que le había granjeado la aceptación fraternal de sus estudiantes. Su mote en el campus (“El Delfín”) era una referencia tanto a su naturaleza afable, como a su legendaria habilidad para zambullirse en una piscina y burlar a todo el equipo contrario en un partido de waterpolo.

Mientras contemplaba la oscuridad con aire ausente, el silencio de su casa se vio perturbado de nuevo, esta vez por el timbre de su fax. Demasiado agotado para enojarse, Langdon forzó una carcajada cansada.
El pueblo de Dios, pensó. Dos mil años esperando a su Mesías, y siguen tan tozudos como una mula.
Llevó el tazón vacío a la cocina y se encaminó pausadamente a su estudio chapado en roble. El fax recién llegado esperaba en la bandeja. Suspiró, recogió el papel y lo miró.
Al instante, una oleada de náuseas le invadió.
La imagen que mostraba la página era la de un cadáver humano. El cuerpo estaba desnudo, y tenía la cabeza vuelta hacia atrás en un ángulo de ciento ochenta grados. Había una terrible quemadura en el pecho de la víctima. Le habían grabado a fuego una sola palabra. Una palabra que Langdon conocía bien. Muy bien. Contempló las letras con incredulidad.

–Illuminati –tartamudeó, con el corazón acelerado. No puede ser...
Lentamente, temeroso de lo que iba a presenciar, Langdon dio la vuelta al fax. Miró la palabra al revés.
Al instante, se quedó sin respiración. Era como si le hubiera alcanzado un rayo. Incapaz de dar crédito a sus ojos, volvió a girar el fax y leyó la palabra en ambos sentidos. –Illuminati– susurró.
Langdon, estupefacto, se dejó caer en una silla. Poco a poco, sus ojos se desviaron hacia la luz roja parpadeante del fax. Quien había enviado el fax estaba todavía conectado, a la espera de hablar. Langdom contempló la luz roja parpadeante durante largo rato.
Después, tembloroso, descolgó el auricular.
–¿He captado ahora su atención? –dijo la voz masculina cuando Langdon contestó por fin.
–Sí, ya lo creo. ¿Quiere hacer el favor de explicarse?
–Intenté decírselo antes. –La voz era precisa, mecánica–. Soy físico. Dirijo un laboratorio de investigaciones. Se ha cometido un asesinato. Usted ha visto el cadáver.
–¿Cómo me ha localizado?
Langdon apenas podía concentrarse. Su mente huía de la imagen del fax.
–Ya se lo he dicho. Internet. La página web de su libro El arte de los Illuminati.
Langdon intentó serenarse. Su libro era prácticamente desconocido en los círculos literarios dominantes, pero tenía un buen número de seguidores internautas. No obstante, la afirmación del desconocido era absurda.
–Esa página carece de información de contacto –explicó Langdon–. Estoy seguro.
–Tengo gente en el laboratorio muy experta en extraer información de la Red.
El escepticismo de Langdon no disminuía.
–Da la impresión de que su laboratorio sabe mucho sobre la Red.
–Por fuerza –replicó el hombre–. Nosotros la inventamos.
Algo en la voz del hombre reveló a Langdon que no estaba bromeando.
–He de verle –insistió el desconocido–. No podemos hablar de este asunto por teléfono. Mi laboratorio está a sólo una hora en avión de Boston.
Langdon analizó el fax que sostenía en la mano a la tenue luz del estudio. La imagen era impresionante, pues tal vez representaba el hallazgo epigráfico del siglo, una década de sus investigaciones confirmada en un solo símbolo.
–Es urgente –apremió la voz.

Los ojos de Langdon estaban clavados en el sello. Illuminati, leyó una y otra vez. Su trabajo siempre se había basado en el equivalente simbólico de los fósiles (documentos antiguos y rumores históricos), pero esta imagen era actual. Tiempo presente. Se sintió como un paleontólogo que se encontraba cara a cara con un dinosaurio vivo.
–Me he tomado la libertad de enviarle un avión –dijo la voz–. Llegará a Boston dentro de veinte minutos.
Langdon sintió la garganta seca. A una hora de vuelo...
–Le ruego que perdone mi atrevimiento –dijo la voz–. Le necesito aquí.
Langdon contempló otra vez el fax, un antiguo mito confirmado en blanco y negro. Las implicaciones eran aterradoras. Miró por la ventana. La aurora empezaba a insinuarse entre los abedules del patio trasero, pero la vista parecía algo diferente esta mañana. Cuando una extraña combinación de miedo y júbilo se apoderó de él, Langdon comprendió que no tenía elección. [...]

El aspecto del cadáver era espantoso. El difunto Leonardo Vetra yacía de espaldas, desnudo, y la piel había adquirido un color gris azulado. Los huesos del cuello sobresalían en el punto donde los habían roto, y tenía la cabeza girada por completo hacia atrás. La cara no se veía, aplastada contra el suelo. El hombre estaba tendido sobre un charco congelado de su propia orina, y el vello que rodeaba sus genitales encogidos estaba salpicado de escarcha.
Sobreponiéndose a la náusea que la vista del cadáver le producía, Langdon se obligó a que sus ojos se posaran sobre el pecho de la víctima. Aunque había examinado la herida simétrica una docena de veces en el fax, ésta era infinitamente más impresionante en vivo. La carne, levantada y quemada, estaba perfectamente delineada y el símbolo formado sin mácula. Langdon se preguntó si el intenso escalofrío que recorría su columna vertebral se debía al aire acondicionado o al asombro que le embargó cuando captó el significado de lo que estaba mirando. Su corazón se aceleró cuando caminó alrededor del cadáver y leyó la palabra al revés, lo cual reafirmaba el genio de la simetría. El símbolo se le antojó aún menos concebible ahora que lo miraba.
–¿Señor Langdon?
Langdon no le oyó. Estaba en otro mundo, su mundo, su elemento, un mundo en el que la historia, el mito y la realidad colisionaban e inundaban sus sentidos. Los engranajes giraban.
–¿Señor Langdon?
Los ojos de Kohler le sondeaban, expectantes.
Langdon no levantó la vista. Su atención estaba concentrada por completo.
–¿Ha averiguado algo ya?
–Sólo lo que tuve tiempo de leer en su página web –respondió Kohler–. La palabra Illuminati significa “los iluminados”. Es el nombre de una hermandad antigua.
Langdon asintió.
–¿Había oído el nombre antes?
–No, hasta que lo vi grabado en el cuerpo del señor Vetra.
–¿Lo buscó en Internet?
–Sí.
–Y encontró cientos de referencias, sin duda.
–Miles –dijo Kohler–. Su página web, no obstante, contenía referencias a Harvard, Oxford, un reputado editor y una lista de publicaciones relacionadas. Como científico, he llegado a aprender que la información sólo es tan válida como su origen. Sus credenciales parecían auténticas.
Los ojos de Langdon seguían clavados en el cadáver. Kohler no dijo nada más. Esperó a que Langdon arrojara alguna luz sobre lo sucedido. Langdon alzó la vista y paseó la mirada por el piso.
–¿Y si hablamos en un lugar más cálido?
–Esta habitación es perfecta. –Kohler parecía indiferente al frío–. Hablaremos aquí.
Langdon frunció el ceño. La historia de los Illuminati no era nada sencilla. Moriré congelado intentando explicarla. Contempló de nuevo la marca, asombrado.

Aunque las referencias sobre el emblema de los Illuminati eran legendarias en la simbología moderna, ningún erudito lo había visto. Antiguos documentos describían el símbolo como un ambigrama, lo cual quería decir que se podía leer en ambos sentidos. Y si bien los ambigramas eran habituales en la simbología (esvásticas, ying y yang, las estrellas judías, cruces sencillas), la idea de que una palabra pudiera convertirse en un ambigrama parecía imposible. Los expertos en simbología modernos habían intentado durante años imprimir a la palabra “Illuminati” un estilo perfectamente simétrico, pero había fracasado miserablemente. Casi todos los estudiosos habían llegado a la conclusión de que la existencia del símbolo era un mito.
–¿Quiénes son los Illuminati?– preguntó Kohler.
Sí, pensó Langdon, ¿quiénes son, en realidad? Empezó su relato.
–Desde el inicio de la historia –explicó Langdon–, ha existido una profunda brecha entre ciencia y religión. Científicos sin pelos en la lengua como Copérnico...
–Fueron asesinados –interrumpió Kohler–. Asesinados por la Iglesia por revelar verdades científicas. La religión siempre ha perseguido a la ciencia.
–Sí, pero en el siglo XVI, un grupo de hombres luchó en Roma contra la Iglesia. Algunos de los italianos más esclarecidos (físicos, matemáticos, astrónomos) empezaron a reunirse en secreto para compartir sus preocupaciones sobre las enseñanzas equivocadas de la Iglesia. Temían que el monopolio de la “verdad” que ejercía la Iglesia amenazara al esclarecimiento cultural del mundo entero. Fundaron el primer gabinete estratégico científico del mundo, y se autoproclamaron “los iluminados”.
–Los Illuminati.
–Sí –dijo Langdon–. Las mentes más preclaras de Europa... dedicadas a la búsqueda de la verdad científica. Kohler guardó silencio.
–Como es natural, los illuminati fueron perseguidos ferozmente por la Iglesia católica. Los científicos sólo consiguieron salvarse gracias a ritos de extremado secretismo. Corrió la voz entre los estudiosos clandestinos, y la hermandad de los Illuminati creció hasta incluir a eruditos de toda Europa. Los científicos se reunían con regularidad en Roma, en una guarida ultrasecreta que llamaban la Iglesia de la Iluminación. Kohler tosió y se removió en su silla.
–Muchos Illuminati –continuó Langdon– quisieron combatir la tiranía de la Iglesia con actos de violencia, pero su miembro más reverenciado los disuadió. Era pacifista, así como uno de los científicos más famosos de la historia.

Langdon estaba seguro de que Kholer reconocería el nombre. Hasta los no científicos conocían la historia del desventurado astrónomo que había sido detenido y casi ejecutado por la Iglesia cuando proclamó que el Sol, y no la Tierra, era el centro del sistema solar. Aunque sus datos eran incontrovertibles, el astrónomo fue castigado con severidad por insinuar que Dios había colocado a la humanidad en un lugar que no era el centro de Su universo.
–Se llamaba Galileo Galilei –dijo.
Kohler alzó la vista.
–¿Galileo?
–Sí, Galileo era un Illuminatus, y también un católico devoto. Intentó suavizar la posición de la Iglesia sobre la ciencia cuando proclamó que la ciencia no socavaba la existencia de Dios, sino que, antes al contrario, la reafirmaba. En una ocasión, escribió que, cuando miraba por su telescopio los planetas, oía la voz de Dios en la música de las esferas. Sostenía que la ciencia y la religión no eran enemigas, sino aliadas: dos idiomas diferentes que contaban la misma historia, una historia de simetría y equilibrio... Cielo e infierno, noche y día, calor y frío, Dios y Satán. Tanto la ciencia como la religión se regocijaban en la simetría de Dios..., la pugna constante entre luz y oscuridad.
Langdon hizo una pausa, y pateó el suelo para calentar los pies. Kohler se limitó a mirarle.
–Por desgracia –añadió Langdon–, la unificación de la ciencia y la religión era algo que la Iglesia no deseaba.
–Claro que no –interrumpió Kohler–. La unificación habría acabado con la pretensión de la Iglesia de que era el único vehículo mediante el cual el hombre podía comprender a Dios. En consecuencia, la Iglesia juzgó por herejía a Galileo, le declaró culpable y le puso bajo arresto domiciliario permanente. Conozco muy bien la historia de la ciencia. Pero esto sucedió hace siglos. ¿Cuál es la relación de este episodio con Vetra?
La pregunta del millón. Langdon fue al grano.
–La detención de Galileo trastornó a los Illuminati. Se cometieron equivocaciones, y la Iglesia descubrió la identidad de cuatro miembros, a los que capturaron e interrogaron. Pero los cuatro científicos no revelaron nada... ni siquiera bajo tortura.
–¿Tortura?
Langdon asintió.
–Los marcaron a fuego. En el pecho. Con el símbolo de la cruz. Kohler abrió los ojos desmesuradamente, y dirigió una mirada inquieta al cadáver.
–Luego, los científicos fueron brutalmente asesinados, y sus cadáveres abandonados en las calles de Roma, como advertencia a los que pensaban unirse a los Illuminati. Debido al acoso de la Iglesia, los restantes Illuminati huyeron de Italia.
Langdon hizo una pausa. Miró los ojos muertos de Kholer.
–Los Illuminati pasaron a la clandestinidad, donde empezaron a mezclarse con otros grupos de refugiados que huían de las purgas católicas: místicos, alquimistas, ocultistas, musulmanes, judíos. Surgieron unos nuevos Illuminati. Unos Illuminati más oscuros. Unos Illuminati profundamente anticatólicos. Adquirieron un gran poder, mediante el empleo de misteriosos ritos y un secretismo mortal, y juraron que un día se alzarían de nuevo y se vengarían de la Iglesia católica. Su poder creció hasta el punto de que la Iglesia los consideró la fuerza anticristiana más poderosa de la tierra. El Vaticano tildó a la hermandad de Shaitan.
–¿Shaitán?
–Es árabe. Significa “adversario”... El adversario de Dios. La Iglesia escogió una palabra árabe porque lo consideraba un idioma sucio. –Langdon vaciló–. Shaitan es la raíz de la palabra... Satanás.

Escrito por Marlaria a las 2:24 PM | Comentarios (3)

24 de Octubre 2004

El metro de Madrid

Ya que este fin de semana he comenzado quejándome, voy terminar haciendo lo mismo.

No me quejo del servicio de metro, estoy muy contenta con lo bien que han organizado en Madrid el transporte público.

Hoy de lo que me voy a quejar son ,de los FUMADORES que no tienen ni pizca de respeto con los que no fumamos. Y la verdad, que realmente estoy harta de tener que tragarme esos humos tan desagradables en un sitio tan cerrado y tan profundo como es el metro y que, de hecho, esta totalmente PROHIBIDO fumar tanto dentro como fuera de los vagones..

Yo creo, que la gente no se da cuenta, que los que no fumamos, lo hacemos porque no queremos pudrirnos los pulmones como ellos. Si ellos quieren pudrirselos, que lo hagan en sitios VENTILADOS...y que hagan lo que les de realmente la gana, mateniendo un respeto.

Si ya es dificil soportarlo en los pubs, bares etc. Que al fin y al cabo, son sitios que están medianamente ventilados, lo que no soporto ni tolero es que lo hagan en un sitio que no hay aire, es totalmente cerrado, y es profundo.

Digo yo, ya que no tienen el mínimo respeto en eso, los que no fumamos tenemos derecho a decir: Que se metan el cigarro por el culo y se maten ellos, que bastante tenemos los demás.

Escrito por Marlaria a las 10:34 PM | Comentarios (8)

22 de Octubre 2004

ODIO LOS VIDEOJUEGOS

Pues si, es la conclusión que he llegao ultimamente. Estos últimos meses, he llegado al límite de ese mundillo, llegando a la conclusión que los voy cogiendo un profundo odio y manía.

Jamás, había llegado a pensar la constante ludopatía que puede llegar a adquirirse en los que son fáciles de convencer. Nunca me había creído que existían personas que, practicamente se dejan su vida en ello, ¿Os lo podeis creer?.

Pero, ¿Qué es un videojuego? Un programa para entretener a la sociedad, protegido por un trozo de carton y tapado con plástico!.

Es una lástima, pero esos quien dice que no están obsesionados, no se dan cuenta que la gente de su alrededor lo ve asi, y eso es porque ellos no quieren admitirlo. Pero lo que está claro, y lo verán con el tiempo, es que muchas de las cosas que tienen a su alrededor, las perderá. Y entonces, es cuando se darán cuenta de que era cierto lo que tanto le avisaban todas esas personas que ha perdido.

Tanto una amistad, como el amor, como tu propia vida se tiene que ir regando con el tiempo, se tiene que ir conservado. Y lo que no se puede hacer es no regarlas por unos pocos juegos que al fin y al cabo, ellos no van a resolver tu vida, como tampoco van a ayudarte cuando estés mal, ni te van a a ofrecer cariño, tampoco van a darte una vida independiente, y mucho menos (a no ser que trabajes en ese mundo, solo que yo hablo de quein está terriblemente VICIADO) nunca te van a rsolver nada en la vida salvo pura diversión y punto.

Y digo esto, porque es cierto que existe gente asi. En lugar de tomarlo como un hobbie normal, se obsesionan hasta tal punto que se olvidan de su alrededor, terminan VIVIENDO para ello de forma EXTREMA. Y ahí es, cuando eso no se le considera un hobbie, sino que se le considera una obsesión y por tanto ludopatia.

¿Sabeis que la ludopatía es una enfermedad? No se pueden desenganchar del juego sea cual sea, están todo el día jugando a ello aunque no lo reconocen, no salen a la calle por esa obsesion y quedarse en su casita jugando. ¿Hasta ese punto se ha llegado en la sociedad?.

Solo pienso, que los demás no vamos a andar toda nuestra vida detrás. Si ellos prefieren las consolas, pues que se casen y hagan amistad con ellas, no? Los demás, podemos llegar a tener una paciencia infinita, pero supongo que siempre llegará a unos límites.

Y digo esto, porque es una pena, pero cuando esa gente se encuentre sola totalmente de todo lo que tenía a su alrededor, se dara cuenta de lo que ha perdido por este estupido mundo.

Escrito por Marlaria a las 12:01 PM | Comentarios (27)

11 de Octubre 2004

Mis patillas y cosas variadas

¿Os acordais aquel famoso post en el que afirmaba no tener patillas a principio de verano? Pues afortunadamente he comenzado el curso con ellas..No os podeis imaginar lo de menos que se echan las patillas cuando no se tienen...snif..

Ahí mi muestra...

IM000493.JPG

A todo esto, voy a intentar a ver si puedo clasificar mi blog en categorias para hacer mas sencilla la lectura..Un dia que no este tan perezosa.

Snif snif, ¿sabeis que toy cojita?..Snif..Hace unos dias emplee un aparato con un peso que no debí poner y me he machacado las rodillas, de forma que, duele musho, no me permite andar en condiciones, no puedo correr, no puedo saltar , no puedo hacer la cabra..A ver si se me pasa de aquí a unos dias porque si no, de lo contrario, tendre que ir al medico...Y no me gusta visitar al medicoooo grgrgr.

Este finde lo he notado un poco extraño, no solo por mi dolencia, sino por varias cosillas que pasan. Pero bueno, realmente el tiempo no acompaño mucho a los dias, y supongo que influye mucho.

Escrito por Marlaria a las 2:55 AM | Comentarios (7)

9 de Octubre 2004

Vaya Jaleo, desventuras universitarias

En fin, nunca me acuerdo lo cansinas que son las primeras semanas de clase.

Lo cierto que ha sido una semana bastante intensa:

- Vi a todos mis compis.. Cualquiera que lo lea, se pensara "Ni que fuese para tanto", pues he de decir que lo es. Y lo es, porque he sido delegada durante dos años y he conocido a muchisima gente de la facultad. De hecho, es gracioso cuando la gente te saluda y tu no la conoces, ja ja.

Lo cierto que me han preguntado si volvere a ser la "delegada" este año y, sintiendolo mucho, no creo que me presente porque este año no me apetece tener peleillas con parte de los compis, reuniones, organizar eventos, examenes etc etc. Aunque parezca mentira, la tarea de un delegado en nuestra universidad, es bastante grande, ya que nos ofrecen muchas posibilidades de intervenccion y en eso, no tengo queja.

- Salude nuevamente a los profes de mis asignaturas suspensas (Grrrr).

- Removi 20 veces el horario y las asignaturas, lo he cambiado 15 veces, hasta llegar a una decisión, por lo que nuevamente tengo horario nuevo.

- Voy de clase en clase: Escaleras hacia arriba hacia abajo. Para quien no lo sepa, los universitarios podemos escoger las asignaturas que queramos acorde a los horarios que pongan, por ejemplo podemos coger una asignatura de 2ºC, otra de 2ºA, otras de 3ºB, etcc. (de ahi el lio y cambio de horario), por lo que una hora estoy en una clase, otra hora estoy en otra de mas arriba, otra de más abajo...(Escaleras por aquí y por alla) ..Ah! y como no, tener apenas 5 minutos para comer para la siguiente clase.

- Nuestra "pre-Matricula": Es curioso, pero nosotros organizamos nuestro horario, y luego tenemos que solicitarlo por medio de la pre-matricula.

Es por ello, que puede ser que los grupos que queramos nos los den o nos den otros.En definitiva, es un lio. Y más lio, aun es, cuando esa pre-matricula la hacemos cuando ya hemos comenzado las clases.

El Martes comence las clases y hasta el lunes no sabre si me concederan mi querido horario. Por lo que, no se si estoy acudiendo a las clases que me darán (vaya paranoya, eh?).

Eso si, a partir del lunes ya sabré que grupos me han concedido y tras ello, realizar la matricula con su pago correspondiente.

- Peleas por el sitio: tengo un buen trozo de horario por la tarde y otro trozo de horario por la tarde. Curiosamente, por las tarde no existía tanta gente para elegir sitios pero, tanto por la mañana como por la tarde, este año toca reservar en primera fila para poder atender y llegar 30 minutos antes para conseguirlo O_o

Que bonita la vida de la universidad, ja ja ja

Escrito por Marlaria a las 12:19 AM | Comentarios (0)

1 de Octubre 2004

Bien aventurados todos aquellos que tengáis mas de 100 créditos aprobados, por que esto es lo que os espera....

Decálogo del Universitario en paro

fake.jpg

Has acabado tus estudios universitarios, pero nadie te había contado lo
que te esperaba después. Hasta ahora habías vivido como un rey: el
estado te pagaba los estudios, tenías una excusa para perrear en casa y
nadie cuestionaba tu modus vivendi. Reconoce que tus funciones básicas
habían sido algo más que disminuidas, reducidas prácticamente a un par
de ellas. De día conectabas el piloto automático en clase, por la tarde
encendías un único motor en casa, y durante las noches del fin de
semana sólo activabas la mano playmobil hasta que se encendían las
luces cortas. Mirado objetivamente, siempre has sido un miserable
excremento social, lo que pasa es que tenías una excusa que no sólo
justificaba lo que hacías con tu vida, sino que la elevaba a acto
heroico.

Fue por aquel entonces cuando coqueteaste con los ritmos de Georgie
Dan, cuando pasabas horas y horas en las cafeterías de las facultades y
cerrabas las últimas fiestas populares. Te hiciste friqui. Pero
ahora......ay! Ahora qué, querido trozo de porquería social? A qué te
dedicas? Qué harás? Mis hijos trabajan desde hace años, que harás tu?
Ay, los universitarios lo tenéis crudo! Aún no has encontrado trabajo?
Has enviado currículums aquí? Has enviado currículums allí? pobrecillo,
siempre podrás ser camarero...o militar. Dónde demonios está el estado
cuando lo necesitas? Hasta han suprimido la mili, contra la que te
manifestaste, para que no puedas tener ni un año de exilio.

No, ahora pasaremos cuentas, asqueroso universitario, con la sociedad
que te ha pagado los estudios. Vas a flipar, te espera un año o dos de
media hasta que encuentres un trabajo digno, es decir, el primer
trabajo con contrato en prácticas de tres meses cobrando como graduado
escolar. Pero esa basura de trabajo es un paraíso comparado con los dos
años que te pasarás en blanco.

Precisamente para ayudarte durante el tiempo que pase hasta tu primer
contrato, el Departamento de Investigaciones Alababarada ha elaborado
el Decálogo del Universitario en Paro del Coronel Decket, con medidas
enérgicas para ahorrar dinero. Ahorrar es una prioridad en tiempos de
guerra, como bien sabe el Coronel, después de tanto perseguir al Equipo
A. No se a qué santo viene la referencia a las antiguas actividades
militares del Coronel Decket, pero he pensado que igual os interesaba
recordar la receta de pollo al chilindrón que tanto le gustaba a
Francisco Umbral.


Se acabó ir de compras. Qué pretendes? Gastarte dinero que no tienes?
Ni hablar, la mejor tienda la tienes al lado de tu cama, es tu armario.
Mira bien los pantalones que dejaste de lado el invierno pasado. Sí,
sí, póntelos, no te quedan nada mal. Puede que cueste un poco entrar en
ellos, pero luego son comodísimos. Usados? Pero si están nuevos! Cómo
fuiste tan imbécil para olvidarte de ellos? Además, son como los que
están ahora de moda! Sigue, sigue, mira aquella camisa que nueva está!
La habías guardado sin querer! Y las camisetas de competiciones
deportivas populares y de propaganda de cerveza! Si es de lo más
friqui! La camiseta de Anís Tenis y el polo de Nestlé! Estás a punto de
crear tendencia!


Hasta han prohibido el botellón para joderte. Pero no saben que tienes
dos opciones que no habían contemplado. Por un lado, puedes ocupar el
parque o plaza más próximo e instalarte con tus amigos sistemáticamente
cada tarde. Cuando tu sombra se haya proyectado sobre el banco de
piedra y tu sudor (recuerda que tus manos sudan como grifos) haya
impregnado el banco, tu silueta habrá quedado grabada. En ese momento,
empieza a cobrar un impuesto a personas que lo quieran utilizar, ya que
el banco ES TUYO. Los jubilados serán los primeros que se resistirán,
pero cederán pronto si eres sutil y les recuerdas que las pensiones no
paran de subir. Otra opción menos abstemia es la "estrategia Papá
Yonkarra". Consigue una mesa de playa, un par de palas de tenis de
playa y un par de botellas de whisky Dyc compradas en el Dia.
Alcoholízate mientras juegas, y si te pregunta la policía qué coño
estás haciendo, contesta que no están haciendo botellón, sino que
entrenas para las Olimpiadas. El whisky no es dopping en la modalidad
de tenis playa, así que puedes tomarlo, eso sí, con moderación, para
refrigerar los bíceps i tu juego de piernas. Igual hasta acaban jugando
contigo.


Ponte a la salida del colegio de los primeros cursos de secundaria. Son
los objetivos más vulnerables. Míralos: llevan móviles y compran
porquerías en el kiosco más cercano. Tú no llevabas diez euros cuando
tenías su edad, y ellos tampoco deberían. No les robas, solo les ayudas
a ahorrar. Sigue a un grupillo de cuatro o cinco y arrincónalos antes
de que puedan malgastar el dinero en un kiosko. Dales una bolsa de
Mercadona y exígeles el 90% de lo que lleven encima y uno de los seis
móviles que tienen. Más vale que se vayan preparando para cuando acaben
al universidad.


Fíjate en la vecina del cuarto que tantas veces ha venido a pedirte
sal, limones, unos tomates y hasta azúcar y todo. Se merece una
contribución. Baja a su casa y comienza vendiéndole lotería pasada.
Después, cuando proteste, cóbrale el 50% de lo que se gasta
mensualmente en tabaco en compensación de la deuda que arrastra. Cuando
haya satisfecho la deuda histórica pasa a la extorsión: ha de
remunerarte parte del impuesto de la finca, porque ella utiliza más el
ascensor que tú. Si sube a protestar cóbrale por tocar tu timbre. Si
avanza por tu casa buscando a tus familiares, cóbrale por habitaciones:
5 euros traspasar el recibidor, 10 euros llegar a la cocina, 20 euros
visitar el comedor. No seas depravado en exceso y ofrécele utilizar tu
baño por sólo 6 euros.


Los Yonkis compran en el Dia, pero tú siempre has sido fiel al
Mercadona. Ahora, ellos deben de reconocer que los precios Hacendado se
han disparado. Negocia la obertura de un fondo de resistencia, de un
crédito blando en Mercadona para productos básicos: cerveza, chocolate,
frostis de kellogg's y pasta de dientes. No hagas compras exageradas,
pero todo lo que compres cárgalo en la cuenta que has decidido
unilateralmente abrirte. Si las cajeras continúan sin entender el tema
del crédito blando di que pregunten en dirección por ti. Dales el
nombre de tu vecina del cuarto.


Dentro de casa están las mejores vacaciones que podrías imaginar.
Quizás sea verano y fuera hagan treinta y seis grados, pero en casa
solo estás a cuarenta. Pasa dos días enteros en cada habitación con
salidas al restaurante del hotel (la cocina) para comer y cenar.
Olvídate de desayunar, no entraba en la oferta contratada. A que nunca
habías pasado dos días dentro de la misma habitación de tu casa sin
salir? Es una pasada la de sitios donde puedes estirarte que antes no
habías probado. Los baños son los sitios más divertidos, porque puedes
tomar un baño y el comedor quizás sea el más claustrofóbico, porque
solo está la tele y no hacen Popstars.

Cuando pases los dos días en el comedor llévate unas botellas de
Ginebra marca Ginebra. Bébetelas rápidamente y verás como realmente
estás en Berlín. Mira, mira, la puerta de Branderburgo! Me la imaginaba
más grande! Y allá hay una manifestación de figuritas de porcelana!
Berlín es una pasada. Si te angustias por la claustrofobia sube al
terrao de la finca o al garaje y juega al fútbol, podrás decir que has
ido al Mundial o a la Eurocopa.


La ciudad es algo grande, sí, pero así es mejor. Busca un lugar que
quede realmente lejos. Olvídate del caro autobús y comienza a caminar y
caminar. No llegas y ya son las 21:00. Es hora de volver a casa. Mañana
vuelve a intentarlo, hasta que un día llegues. Cuando te pregunten qué
has hecho este verano contesta que el Camino de Santiago.

Si un día estás demasiado cansado coge un autobús que haga un recorrido
largo y circular. Por menos de un euro estate toda la tarde subido al
autobús haciendo una y otra vez la misma ruta. Si el conductor se
mosquea porque no bajas en toda la tarde enséñale el billete: has
pagado y tienes derecho incluso a utilizar las paradas que haga falta
para descansar. Cuando te pregunten qué has hecho en verano di que has
hecho un crucero sin escalas.


Procura limitar el contacto con el mundo exterior. Envía mails y navega
por Internet hasta que la tarifa plana que tengas contratada sea toda
una extorsión a la compañía que tuvo la temeridad de ofrecértela. No
utilices el teléfono, que telefoneen los demás. Cuando alguien
telefonee, aunque sea por error, ofrécele conversación. Oh, qué bien te
lo pasas en las largas conversaciones gratuitas!

Telefonea a números gratuitos, aunque sean de urgencias para preguntar
cosas estúpidas y cómo deberías reaccionar en caso que realmente
tuvieras una urgencia. Aprenderás más. Espera ansioso a la
teleoperadora de Telefónica y desvía el tema de sus asquerosas ofertas
al terreno personal. Invítala a quedar y cuando vayas a verla procura
salir sin cartera. Las teleoperadoras ganan mucho dinero y ella no
tendrá problemas para pagar los cafés. Autoinvítate al cine. Quiere
acompañarte? Muy bien, que compre las entradas en la ventanilla esa;
unas papas y unas coca-colas serían el detalle. Tú la esperas dentro de
la sala cogiendo sitio porque El Señor de los Anillos está a punto de
empezar. Que se de prisa, por nada del mundo te gustaría pillarla
empezada, para una vez que estás realmente enamorado e invitas al cine
todo debería ser perfecto. Pregúntale si ella es tan romántica como tú.
No? Nena, no tenemos futuro, después de la peli quizás no volvemos a
quedar. Te vas? Dame tu coca-cola que yo ya me he terminado la mía.


Ya estarás aburrido de pasar las tardes en la plaza o en el centro
comercial donde tienen aire condicionado. Deja a alguien en la plaza
para que cobre tu impuesto y quítate de encima las miradas hostiles de
los seguratas del centro comercial. Es la hora de la facultad. Cinco
años te han tenido allí y guardan un buen recuerdo. Cobra ese recuerdo.
Haz fotocopias gratis en el departamento apelando a anécdotas de los
años de estudiante y a futuros doctorados que estás pensando hacer
precisamente con usted, señor profesor. Utiliza los ordenadores de la
facultad. Madruga y se el primero de la cola. Navega allá en las horas
que no puedes en casa e imprime los currículums que envías a empresas.
No hace falta que los fotocopies, imprime centenares de copias y ya
está. Ves a secretaría y pide un paquete de sobres para el profesor
tal. Quién soy yo?, el becario! Cuando tengas los currículums y los
sobres pide sellos en dirección. Si se resisten a la hora de dártelo
porque no apareces en la lista de becarios deja las cartas allí para
que las envíen ellos. Si lo hacen, fenomenal; si no, te ha salido
gratis. La semana que viene volverás a intentarlo.

La biblioteca pública es otro paraíso. Madruga y coge un buen sitio.
Lee todas las novelas que querías leer con aire acondicionado. Coge más
de las que puedas leer en una sola tarde y escóndelas en algún lugar
secreto para que nadie te las quite. Nunca leer había sido tan barato.
Arranca los capítulos uno a uno (estás en contra de fotocopiar libros),
sácalos de la biblioteca hasta que tengas el libro entero. Encuadérnalo
y comienza a hacer una gran biblioteca en fascículos a un precio
irrisorio.


Libera los periquitos que tanto cuestan de alimentar, suelta las
tortugas en la Albufera porque impactan en el medio ambiente e incumple
la ley abandonando perros y gatos. Los animales de compañía son agentes
capitalistas que un día llegaron para comerse tu dinero. En realidad,
no los querías tanto, no hacían tanta compañía. Bien, es cierto que
ahora te sientes más vacío, pero es como haber roto una relación que ya
era insostenible. Ellos necesitaban más espacio y tu ya no tenías nada
más que ofrecer.

También puedes subscribirte a revistas para ocupar el tiempo. No tienes
que enviar ninguna subscripción ni nada, limítate a coger las revistas
de los buzones de los vecinos. En poco tiempo estarás subscrito a
múltiples publicaciones variadas, y hasta esperarás nervioso que
aparezca el cartero con la revista mensual. Pídesela en mano. Si no se
fía de que seas todas las personas que dices ser y llega a acusarte de
robar la correspondencia de los vecinos agrédelo, ponle una denuncia
por lesiones al honor (quizás ganes dinero) y llévate el carrito que
llevaba. Allá dentro te esperan más y más publicaciones gratuitas!

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Escrito por Marlaria a las 12:20 AM | Comentarios (8)